Te dedicas a preguntarme si te amo, y entonces yo me pregunto, ¿y cuando no lo he hecho?
Pero hay algo que nunca cambia en todas las noches, que me susurras después de hacerlo, "eres un encanto" y me guiñas un ojo. Cuando lo hiciste por primera vez, quise morirme de la vergüenza pero por dentro sonreía de la forma más estúpida que puedes creerte.
Esta vez, ninguno de los dos dormimos. Hemos preferido que sea una de las noches en las que solo con mirarnos, es suficiente.

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