Tumbados, en una noche preciosa de luna llena, con estrellas que alumbran el cielo.
Me tiene puesta la mano por el cuello. Me da un ligero y húmedo beso. Con sabor a auténtico amor.
-Esa- le digo, señalando hacia el cielo.
-¿Esa que amor?- me pregunta, con ternura.
-Esa estrella.
-¿Qué pasa con ella?- me pregunta.
-Me gustaría poder tenerla en mis manos, llegar a tocarla, levantando un poco el dedo.
Él me sonríe pícara y delicadamente.
-¿Te gusta esa estrella?- me pregunta.
-Si, ¿es bonita verdad?
-Todo queda más bonito si se ve el reflejo de ello en tus ojos.
Nos fundimos en un beso corto, pero apasionado.
Se va.
-¿A donde vas?- le pregunto con preocupación.
-A cumplir tu deseo.
Minutos después regresa con una estrella en la mano, preciosa.
-¿Es para mi?- le pregunto sorprendida.
-Que pregunta más estúpida, ¿para quién sino?
Ahora se que es posible tocar el cielo con mis dedos, se cual es la sensación.
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