Inspiras con calma. Expiras con fuerza.
El aire que expulsas sabes que jamás volverás a poseerlo. No serás capaz de tenerlo en tu permanencia, nada más que simples segundos. Es algo que no puedes controlar.
Resulta incontrolable. Se te hace imposible retenerlo en tu interior.
A un simple sentimiento. Doloroso. Le ocurre justo todo lo contrario. Es opuesto al aire que respiras.
Él se aferra dentro. Poseerte es lo único que desea.
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